lunes 17 de noviembre de 2008

Van Halen y los M&M's marrones

Lo que a continuación paso a relatar es absolutamente cierto, aunque haya llevado a rumores disparatados. Hubo un tiempo en que Van Halen eran la banda más grande del mundo. Espectaculares en directo, el tándem liderado por el acrobático showman David Lee Roth y ese otro trapecista de la guitarra bautizado Eddie Van Halen tenían al mundo del espectáculo a sus pies. Tal era su caché, que por encabezar el U.S. Festival en 1983, la banda entró en el Guinness de los records como el grupo que más había cobrado por un solo concierto; concretamente un millón y medio de dólares de la época. En consecuencia, toda la infraestructura que rodeaba al grupo era verdaderamente gigantesca. Minuciosos hasta la médula para ofrecer el mejor espectáculo posible, el grupo no era sólo exigente con los lujosos caprichos de backstage que les aseguraran una buena juerga, sino con todo lo que rodeaba el montaje de su show. Entre las cláusulas del contrato, concretamente en el artículo 126, de repente, en mitad de millones de especificaciones técnicas, aparecía una extraña petición. En los camerinos de la banda debía haber un bowl lleno de M&M’s, las famosas chocolatinas de colores, puntualizando que debían haberse separado y retirado convenientemente aquellos de color marrón, teniendo la banda potestad para tomar las medidas que creyeran conveniente, incluso la cancelación del concierto en cuestión, si se pasaba por alto esa curiosa cláusula contractual. El motivo no era otro que asegurarse de que se leyeran todos y cada uno de los puntos del contrato; así, cuando el grupo llegará al backstage, sabría de antemano si sus especificaciones habían sido seguidas al pie de la letra por el mero hecho de encontrar o no los dichosos caramelos marrones. Sin embargo, como antes puntualizaba, eso llevo a la difusión de una leyenda urbana que seguro causó más de una pesadilla a los promotores de conciertos de la época. Y es que si Van Halen encontraban M&M’s marrones en su bowl, podían arrasar con todo a su paso y mandar al garete el concierto, pues la fama de salvajes y juerguistas que les precedía también era de peso. ¡Y es que no conviene pasar por alto aquello de “se derrite en tu boca, no en tu mano” si estamos hablando de Diamond Dave y los suyos!

1 comentarios:

Rodrigo Casteleiro dijo...

Joder creía que esta historia era una leyenda urbana!

pero ya leo que es real...

Cojonudo tu blog tío!

Saludos